Una cosa es quejarnos para desahogarnos, y otra bien distinta es que las quejas se conviertan en nuestro estilo de vida. Pocas actitudes generan tanta insatisfacción como el hecho de vivir instalados en la queja constante. Y, sin embargo, este fenómeno aparece más habitualmente de lo que desearíamos en nuestra vida cotidiana. Pero, ¿por qué motivo?

Por qué nos instalamos en la queja

La queja se encuentra a nuestro alrededor y convivimos con ella a diario. Está presente en la televisión, en Internet, en nuestros familiares, amigos… Y en el peor de los casos, también lo estará frente a nuestro espejo.

La vida no siempre se desarrolla como nos gustaría, y por eso la queja es natural, pero con moderación. Si cada vez que nos preguntan cómo nos va comenzamos a enumerar una dilatada lista de problemas en el trabajo, con la pareja, con el entorno, etcétera, obviando siempre los aspectos agradables de nuestra vida (que los hay), habremos caído en un hábito verdaderamente nocivo.

Si estamos siempre lamentándonos frente a todo lo que nos ocurre, nos educamos a nosotros mismos a responder a los problemas y situaciones que nos desagradan solo y exclusivamente mediante la queja. Eso nos lleva a estar siempre de mal humorangustiados y depresivos. Y es muy fácil caer en ello.

Limitaciones de vivir en la queja

Aunque ya hemos aportado algunas pinceladas interesantes, vivir instalados en la queja lleva consigo una larga lista de consecuencias negativas, las cuales nos afectan a nosotros y también a las personas que nos rodean. Estos son cuatro ejemplos de ello:

– Estamos exclusivamente centrados en los problemas, pero no en la búsqueda de sus posibles soluciones. Por ello, nuestra capacidad resolutiva disminuye.

– Vivimos en permanente estado de cansancio y desmotivación. La vida ha dejado de ilusionarnos.

– Nos mantenemos atrapados en una visión negativa de nuestro entorno. Y así es imposible crecer y evolucionar como personas.

– Nos volvemos dependientes respecto a otras personas, ya que es en los demás en quienes vertemos nuestras quejas.

Coaching para superar la queja

Parece evidente, pero lo primero que debemos hacer para escapar de la queja continua es tomar consciencia de que vivimos instalados en ella. Es algo que puede resultar evidente para nuestro entorno, pero en ocasiones nos cuesta reconocerlo en nosotros.

Por tanto, el primer paso es ser capaces de analizar los propios discursos y comentarios. Para eso, el coaching puede resultar una herramienta perfecta. Un coach nos ayudará a identificar el origen de nuestros problemas, y nos empoderará a la hora de afrontarlos mediante el establecimiento de diferentes objetivos. Siempre de manera activa y motivadora, incidiendo especialmente en el plano del autoconocimiento.

Ya hemos visto que las quejas actúan como telarañas y que pueden llegar a ser nuestras mayores enemigas. Por tanto, no debemos dejarnos atrapar por ellas.