El tratamiento con psicofármacos puede aliviar los síntomas relacionados con los trastornos psicológicos, lo cual es esencial para que el paciente se encuentre en buenas condiciones para tratar de solucionar sus conflictos en terapia. Por otro lado, hay casos en los que la naturaleza del problema que padece la persona precisa de este tratamiento. A continuación explicaremos qué son estas sustancias, cuáles son sus características y en qué casos están recomendados.

¿Qué son los psicofármacos?

Podemos definir los psicofármacos como sustancias químicas que se utilizan para tratar los trastornos de la mente. Actúan en el sistema nervioso central y pueden modificar nuestra conducta, percepción y conciencia. Son una gran herramienta en la psicología y la psiquiatría, ya que ayudan a mejorar el pronóstico de diferentes enfermedades mentales. Y por otro lado, nos ayudan a sentirnos mejor para que podamos tratar nuestros problemas en terapia, ya que si únicamente tratáramos los síntomas, no estaríamos abordando plenamente el problema.

Características principales

Como hemos mencionado, son sustancias químicas y, aunque pueden resultar muy beneficiosas, también tienen sus efectos secundarios. Estos fármacos liberan sustancias en la sinapsis neuronal y actúan sobre receptores específicos, los cuales intervienen en la transmisión de nuestros impulsos nerviosos. Normalmente, los psicofármacos modifican la acción y, por lo tanto, los efectos de los neurotransmisores. Cabe destacar que hay diferentes tipos de medicamentos, en función del objetivo a tratar:

– Neurolépticos o antipsicóticos.

– Ansiolíticos e hipnótico-sedantes.

– Antidepresivos.

– Eutimizantes o estabilizadores del ánimo.

Cuándo tomar medicación para problemas psicológicos

Cabe destacar que la farmacoterapia es una alternativa más para completar un plan terapéutico global, por lo que no debemos olvidar otros aspectos que deben trabajarse, ya sean tratamientos psicosociales, psicoterapia individual, terapia conductual o cognitivo-conductual, terapia familiar y de grupo, psicoeducación, etcétera. Algunas de las situaciones en las que se recomienda su consumo son las siguientes:

– Sintomatología psicótica: Si padecemos delirios, alucinaciones, trastornos e incoherencias del pensamiento. Casos de esquizofrenia y trastornos bipolares.

– Síntomas de deterioro cognitivo: por desorientación espacial y temporal.

– Trastornos de ansiedad: pánico, fobias, agorafobia, trastorno por estrés postraumático o trastorno obsesivo-compulsivo. En estos casos se utilizan para estabilizarnos. Gracias a ellos se disminuyen los síntomas que puedan causarnos angustia y malestar, por lo que resulta mucho más sencillo el trabajo psicoterapéutico.

– Depresiones graves: relacionadas con el retardo psicomotor e ideas suicidas. Los fármacos más empleados en estos casos son los antidepresivos, que actúan sobre la serotonina. También se utilizan en casos de bulimia y el trastorno por atracón, entre otros trastornos.

Aunque el tratamiento con psicofármacos es indispensable en determinados casos de problemas psicológicos, debemos tener en cuenta que su uso debe estar indicado por un experto que valore y determine la necesidad de cada paciente. Y, además, deben ir acompañados en cada caso de un plan psicoterapéutico.