Los fármacos antidepresivos son la opción principal en la mayoría de personas que padecen depresión, pero en el caso de las mujeres embarazadas es necesaria una atención especializada. Para poder llevar a término el embarazo hay que valorar los beneficios y riesgos de su consumo durante este período.

Tratamiento especializado para embarazadas con depresión

Que una mujer embarazada tenga una depresión sin tratar durante la gestación puede originar problemas de salud para el bebé. Entre ellos destacan un bajo peso al nacer, riesgo de parto prematuro o dificultad para establecer un vínculo entre madre e hijo.

Por su parte, hemos de tener en cuenta que el riesgo de que aparezcan defectos congénitos en los bebés al consumir estos fármacos es muy bajo, aunque eso depende del tipo de medicamentos. Los hay que no son teratogénicos, es decir, que no pueden provocar defectos congénitos al feto, y más aún,existen algunas medicinas que son totalmente compatibles con el embarazo.

Algunos de los fármacos que están contraindicados durante un embarazo son la paroxetina, ya que está asociada con un aumento leve de los defectos cardiacos en los fetos, y los inhibidores de la monoaminooxidasa, ya que podrían interferir y limitar el crecimiento fetal.

Pero, ¿se pueden sustituir? En la actualidad, hay muchos avances gracias a los que se ha conseguido tratar tanto la depresión postparto como la gestacional mediante la estimulación magnética transcraneal repetitiva, evitando así el consumo de psicofármacos. Este procedimiento tiene eficacia en el 80 % de los casos, es indoloro y no presenta efectos secundarios.

Pros y contras de los antidepresivos en el embarazo

La principal ventaja de este tipo de medicación en el embarazo es evidente: ayudará a tratar los problemas de depresión de la madre, con todos los efectos positivos que eso tendrá en el estado anímico y en la actitud de la madre. Pero solo se debe tomar cuando los datos clínicos así lo indiquen; en caso de necesitar un medicamento que pueda suponer un riesgo para el feto, el médico deberá ajustar la dosis y realizar un seguimiento mediante ecografías.

A partir del segundo trimestre aumenta la seguridad con los fármacos y es más sencillo tomar la decisión de consumir un medicamento de este tipo.

Durante el tercer trimestre, los medicamentos pueden provocar en el bebé síntomas como dificultad respiratoria, nerviosismo, alimentación deficiente e irritabilidad durante el primer mes tras el parto. No existe conexión, pese a lo que a veces se afirme, entre el consumo de estos fármacos y que el bebé pueda padecer autismo.

Como hemos visto, para decidir si es conveniente o no tomar antidepresivos durante el embarazo, hay que valorar los beneficios, el estado de la madre, los posibles efectos secundarios de su medicación y los riesgos que supondrá para el feto.