Como bien sabes, la inteligencia es una capacidad mental que permite al ser humano sobreponerse a las adversidades y resolver conflictos.

Si bien ya hablamos sobre la teoría de las inteligencias múltiples, es decir, la existencia de diferentes tipos de inteligencia usadas para diversos fines; la inteligencia cristalizada hace referencia a otro aspecto relacionado. Y es que dicho término se refiere específicamente al hecho de aplicar las habilidades intelectuales ya adquiridas a contextos concretos para alcanzar el éxito.

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Origen de la inteligencia cristalizada

El concepto de inteligencia cristalizada fue acuñado por el psicólogo Raymond Bernard Catell a mediados del siglo XX. Según él, el desarrollo de la misma guarda una estrecha relación con la suma de experiencias vitales de una persona.

De esta manera, esta clase de inteligencia no depende de la edad del sujeto sino de la cantidad de conocimientos acumulados durante sus años de vida. Así, estos contribuyen a propulsar su crecimiento a distintos niveles.

Aunque sí es cierto que la inteligencia cristalizada podría experimentar un grado de avance en el tiempo, se trata de una habilidad bastante constante. Por eso, quienes no la han adquirido en una época de sus vidas, seguramente no lo harán en el futuro.

 

Pero ¿en qué consiste esta capacidad y para qué sirve?

Este tipo de inteligencia puede ayudarte a adaptarte a situaciones nuevas. Y es que gracias a ella, tendrás la oportunidad de poner en práctica tus conocimientos y experiencias previas. Como resultado, les sacarás el máximo partido para salir airoso.

La inteligencia cristalizada, por tanto, representa el nivel de sabiduría alcanzado por un ser humano a lo largo de su vida y de cómo este se beneficia de ese potencial en casos prácticos.

Así que poseer esta habilidad depende fundamentalmente del grado de aptitudes aprendidas en relación a la comprensión verbal y las relaciones de significado entre las palabras. De modo que el entendimiento del lenguaje es clave.

Asimismo, se halla constituida por la destreza para emitir juicios de valores y reflexiones sobre distintos temas. Esto significa que el individuo ha de saber observar y analizar un hecho para realizar una valoración personal. Su pensamiento crítico y vivencias pasadas le servirán de gran ayuda.

Por otro lado, este tipo de inteligencia también implica poseer nociones mecánicas e incluso saber orientarse adecuadamente.

En este punto, se ha de aclarar que los conocimientos mecánicos están asociados a toda clase de competencias que requieran de la acción de un determinado comportamiento. Ejemplos claros de su práctica podrían ser aprender a montar en bici, conducir cualquier transporte o arreglar un aparato averiado.

 

En resumen, esta clase de inteligencia se define como el conjunto de estrategias personales que un individuo adquiere por medio de la observación y la propia experimentación. Sin poseer cierto bagaje personal y emocional, resulta bastante difícil armarse de los recursos necesarios para poder hacer uso de esta habilidad tan útil.

¡La vida es un aprendizaje constante!