Podemos definir la adicción al sexo como una conducta incontrolada sobre el comportamiento sexual que nos produce dependencia. Lo podemos definir también como el instante en que esta conducta, que nos resulta placentera, se convierte en una imperiosa necesidad. Así, provoca el deterioro de las relaciones afectivas, sociales, familiares, laborales o económicas.

Cuándo se tiene adicción al sexo

Esta adicción deriva de un comportamiento que produce la liberación de noradrenalina, dopamina, oxitocina y otros neurotransmisores. Todas ellas son sustancias que se producen durante el orgasmo.

Del mismo modo que el resto de adicciones denominadas comportamentales, se puede solapar con las adicciones químicas y con trastornos obsesivo-compulsivos. Las personas que la padecen no pueden apartar de su mente ni el deseo ni las fantasías. Además, experimentan una tensión que solo se alivia mediante encuentros sexuales.

Si estos encuentros no tienen lugar, experimentarán síntomas de abstinencia. Entre ellos, destacan la irritabilidad, ansiedad, apetito sexual desmedido y estado de ánimo triste. Además, sentirán inquietud, insomnio o sentimiento de culpa.

Las personas que tienen adicción al sexo pretenden aliviar sentimientos de desesperación, vacío, problemas de identidad o síntomas depresivos. El contacto sexual atenúa dichos síntomas y la reaparición del problema crea un nuevo impulso de repetición. Por lo tanto, las relaciones sexuales no están motivadas por la intimidad o sensualidad.

Consecuencias en la vida

En las personas que tienen esta adicción, el sexo se convierte en el punto central de su vida. Domina sus comportamientos, pensamientos y emociones. Así, se convierte en la escapatoria perfecta frente a situaciones de estrés. Sin embargo, los efectos en su estilo de vida pueden ser más serios de lo que podamos imaginar.

Se comienza por descuidar el trabajo o la familia y se pueden llegar a dañar las relaciones sentimentales. Una situación de hipersexualidad como esta puede provocar aislamiento social y algunos trastornos en el estado de ánimo. Incluso puede llevar a los afectados a caer en otro tipo de adicciones a ciertas sustancias nocivas.

Una de las consecuencias más habituales es descuidar la precaución en cuanto a las enfermedades de transmisión sexual. Esto supone un grave peligro para quien padece la adicción, pero también para sus parejas.

La buena noticia es que la terapia psicológica presta una gran ayuda en sesiones grupales o individuales. En ellas se puede aprender a controlar los estímulos, cambiar hábitos o manejar los impulsos. El objetivo del tratamiento es modificar el estilo de vida y eliminar los comportamientos que impiden una readaptación social y familiar.

En definitiva, para poder evitar situaciones de adicción al sexo es fundamental contar con una educación sexual adecuada. Deberemos trabajar las actitudes saludables para disfrutar de una vida sexual y erótica plena. Así, para no caer en este tipo de adicciones conductuales, es necesario saber manejar el estrés, practicar el autocontrol y fomentar las habilidades sociales.