¿Alguna vez te has sentido atrapado en una situación difícil y con la total convicción de no poder salir de ella? En ese caso, puede que hayas adoptado la indefensión aprendida como mecanismo para lidiar con circunstancias adversas en tu vida. Pues bien, dicho término hace referencia a un estado psicológico específico que se caracteriza por la falta de control del individuo para enfrentarse a ciertas realidades.

¡Conoce las motivos exactos de esta conducta!

 

Origen del término

El término de indefensión aprendida fue acuñado en 1960 por el psicólogo Martin Seligman. A través de diferentes experimentos con animales, dicho autor y sus colaboradores descubrieron que algunos seres vivos se mostraban desbordados ante un estímulo aversivo.

De hecho, se estableció una interesante comparación entre dos perros que mostraban un comportamiento distinto ante una descarga eléctrica. Mientras que uno de ellos aprendía a accionar una palanca para deshacerse de un nuevo shock, el otro se mostraba desbordado e incapaz de tomar acción para evitar el refuerzo negativo. Así, en lo sucesivo, continuaba recibiendo descargas debido a su actitud pasiva.

En años posteriores, algunos estudios demostraron que aquellas personas que se encuentran constantemente en situaciones complicadas, acaban por desarrollar ese estado. Cuando algunos individuos son incapaces de enfrentarse a ciertos desafíos con éxito, abandonan un estilo de actuación activo y caen en manos de la apatía y la desmotivación. Es decir, aprenden a desarrollar la pasividad para sobrevivir.

 

¿Por qué aparece la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida surge cuando creemos que no seremos capaces de cambiar nuestra realidad aunque lo intentemos. De esa manera, es frecuente resignarse ante los acontecimientos negativos y aceptarlos en lugar de enfrentarse a ellos. En muchas ocasiones, esta forma de comportamiento es heredada de los progenitores.

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No obstante, la misma se halla relacionada con el victimismo crónico, es decir, a la costumbre de acudir a la queja sistemáticamente. Se trata, por tanto, de una conducta que permite al individuo seguir siendo la víctima de sus circunstancias. De acuerdo con su percepción, el individuo en cuestión carece del total control sobre lo que le sucede.

Así, la indefensión aprendida ofrece al individuo la excusa perfecta para no tener que tomar las riendas de su propia vida. A pesar de las ventajas asociadas, este estado acaba provocando angustia y una fuerte sensación de resentimiento hacia uno mismo.

 

Signos de este estado psicológico

Ante la aparición de circunstancias desfavorables, es frecuente experimentar los siguientes síntomas:

  • Sensación de falta de control. Esta idea favorece el sentimiento de abandono hacia uno mismo así como de inutilidad ante cualquier acción emprendida.
  • Síntomas depresivos. Ante esta situación, es común manifestar sensaciones de impotencia, desesperanza y profundo malestar emocional.
  • Bloqueo mental. La indefensión aprendida propicia un estado de estancamiento que se manifiestan en actitudes de inacción.
  • Altos niveles de ansiedad. El individuo permanece en un estado de pasividad extrema caracterizado por un elevado nerviosismo. Se intenta escapar del peligro mediante este mecanismo de huida.
  • Desmotivación y baja autoestima. La sensación de pérdida de control sobre la realidad desencadena estos sentimientos desagradables. La persona pierde el interés por alcanzar el bienestar porque lo percibe como una realidad utópica.