Cuando hablamos de una persona que padece agorafobia, estamos aludiendo al hecho de que padece una gran ansiedad que le impide salir al exterior. Tiene temor a los espacios abiertos y a quedarse atrapada sin posibilidad de escapar ante un ataque de ansiedad.

Qué es la agorafobia

Tal y como comentamos, la agorafobia es un trastorno caracterizado por una intensa ansiedad. Es habitual que quien lo padece sienta miedo al pensar en salir a la calle. Se exacerba al sentir que no dispondrá de la ayuda que necesita si padece un ataque de pánico, ansiedad o similar. Así, se trata de un miedo a llamar la atención frente a la sociedad e, incluso, a hacer el ridículo.

Las situaciones en las que pueden aparecer los temores agorafóbicos son muy diversas. Puede suceder al pasear por la calle, pasar por un puente o subir a un medio de transporte público. También en el momento de hacer una cola o estar solo fuera de casa.

Pero el miedo no solo aparece cuando se experimenta una situación de estas características. Es habitual que llegue a iniciarse antes, cuando se acerca el momento de una exposición de este tipo. Por tanto se suelen evitar estas situaciones o se soportan con una alta carga de angustia.

Entre los síntomas que puede padecer una persona agorafóbica hay que diferenciar dos tipos: síntomas fisiológicos y psicológicos. Y es que el cuerpo reacciona como si se estuviese viviendo una situación de peligro real.

– Fisiológicos. Temblores, mareos, sudoración, taquicardias, vértigos, hormigueos, vómitos, palpitaciones, dificultad para respirar…

– Psicológicos. Entre ellos destacan la anticipación y el miedo a lo que podría pasar. El hecho de pensar en convertirse en el centro de atención es lo que provoca la ansiedad y angustia.

Posibles tratamientos psicológicos

Es posible que el origen de este trastorno sea un conflicto psicológico que, al tratarse, haga desaparecer el miedo del que estamos hablando. Así, entre los tratamientos más habituales para este trastorno destacan dos. Por un lado, la terapia de exposición, que tiene unos resultados excelentes. Por otro, el uso de piscofármacos, normalmente antidepresivos.

Gracias a la combinación de estos tratamientos y a la ayuda de especialistas, la persona que padece este trastorno puede mejorar. Al confrontar y permanecer en contacto con la causa de sus temores, consigue familiarizarse con la situación. Esto conlleva un alivio progresivo.

En resumen, la agorafobia es un trastorno que se caracteriza por una gran ansiedad. Esta puede darse ante una situación real o anticipada, en la que la persona podría sentirse atrapada e indefensa. Su tratamiento es de largo recorrido y lo habitual es desensibilizar al agorafóbico paulatinamente. Esto se consigue al enfrentarlo a sus miedos irracionales y, si es necesario, con la prescripción de algunos fármacos.