El duelo hace referencia al proceso psicológico que vivencian aquellos que sufren la pérdida de un ser querido. No obstante, el duelo patológico ocurre cuando la persona es incapaz de superar las emociones desbordantes ligadas a este triste acontecimiento.
Esto quiere decir que el tiempo, lejos de cicatrizar la herida, aviva todavía más el padecimiento debido a una gestión emocional inapropiada.

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Diferencia entre duelo normal y duelo patológico

Un duelo normal es aquel que tiene una duración media de entre aproximadamente dos y cinco años. Durante este tiempo, el individuo en cuestión atraviesa todas las fases emocionales del proceso (negación, ira, negociación, tristeza y aceptación) hasta superar el fallecimiento de otra persona. Por tanto, se trata de una etapa de asimilación y de curación que permite la adaptación a una nueva situación vital.

Por otro lado, el duelo patológico se manifiesta en una serie de manifestaciones físicas y psicológicas de mayor intensidad y duración. De esa forma, un duelo que se prolonga excesivamente a lo largo del tiempo puede resultar problemático para la salud general.

Así, las constantes preocupaciones en relación al difunto y la sensación de culpa se convierten en rumiaciones obsesivas que no cesan nunca. Estos remordimientos resultan en un gran sentimiento de inutilidad que provoca un deterioro cognitivo significativo. En este momento, es lógico que aparezcan episodios severos de ansiedad e incluso ataques de pánico que acaban transformándose en trastornos psicosomáticos.

Durante los primeros meses tras la pérdida de alguien, los síntomas de un duelo normal y de un duelo patológico son parecidos. La diferencia es que en el primer caso esos signos van disminuyendo progresivamente mientras que en el duelo complicado se intensifican.

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Factores de riesgo

En este punto, es interesante señalar que existen diferentes variables que podrían indicar la aparición de un duelo patológico:

  • Las personas que mantienen relaciones de dependencia emocional con sus seres queridos tienen más probabilidades de sufrir sus síntomas. Esto es debido a que este tipo de vínculos no son sanos ya que evidencian carencias graves de falta de autonomía relacionadas con una baja autoestima.
  • El fallecimiento súbito e inesperado de un ser querido podría propiciar la aparición de un duelo complicado. En especial, si se trata de un niño o de una persona joven que fallece a consecuencia de un accidente de tráfico, un asesinato o de un suicidio. Particularmente, en este último caso, la incomprensión asociada a ese fenómeno o la rabia por no haber podido evitar que sucediera son dos factores de riesgo para desarrollar esta condición.
  • El estado emocional presente así como la personalidad del individuo condicionan el surgimiento de un duelo patológico. Esto es, si la persona está atravesando una situación difícil como un estrés intenso o una depresión, entonces la noticia de un fallecimiento agravará notablemente su proceso psicológico. Igualmente, las personas con una alta sensibilidad son las que encuentran más dificultades para gestionar sus emociones en momentos estresantes.

    La terapia es uno de los recursos más efectivos para lidiar con este problema de consecuencias nefastas. ¡Atrévete a dar el paso!