La empatía es una capacidad que nos dice mucho acerca de las personas. Su aparición demuestra una gran sensibilidad a la hora de tratar con los demás. Por otro lado, ejercitarla nos ayuda a algunos procesos cognitivos que tienen que ver con la inteligencia emocional.

¿En qué consiste la empatía?

Este término puede tener varias definiciones. La más conocida de ellas es que hace alusión a la posibilidad de poder comprender y experimentar los sentimientos de otra persona.

Eso sí, para ponernos en el lugar del otro, no tenemos que vernos afectados por el problema. Es decir, hablamos de la capacidad de poder sentir ansiedad u otra sensación cuando vemos que algo le sucede a alguien.

También se aplica a otros estados anímicos como la alegría. Puede actuar mediante la escucha activa sin necesidad de estar ahí.

Importancia en la vida diaria

Sentir y aprender a desarrollar la empatía nos ayuda a potenciar la inteligencia emocional. Esto cuenta con una serie de beneficios sociales y con nosotros mismos. Lo más importante es que no vamos a experimentar trastornos de comportamiento.

Siendo empáticos podemos conocer qué sucede a nuestro alrededor día a día. Es decir, podemos percibir mucha información. También, podríamos llegar a ser un gran apoyo para nuestros seres queridos. Todo esto ayudaría, de forma comunitaria, a la desaparición de miedos y ansiedades a la hora de comunicarse. Es decir, sentir que tenemos a alguien, nos convierte en mejores individuos.

Parte de la inteligencia emocional

La inteligencia emocional hace referencia a esas habilidades que nos permiten gestionar y reconocer mejor las emociones. Esto es muy importante a nivel social, porque nos permitirá crecer, tejer nuestra personalidad y dar lo mejor de nosotros mismos en sociedad.

Por un lado, con grandes ejercicios empáticos que repercutan a la inteligencia emocional, podremos llegar a aprender a manejar nuestros propios estados de ánimo. Sabremos cuáles son nuestros sentimientos, podremos entenderlos y tendremos las estrategias para manejarlos en público.

Todo esto nos supondrá un beneficio que se verá reflejado en nuestra propia motivación y nuestra lectura de quiénes somos. Seremos lo suficientemente conscientes para entender que lo que estamos haciendo es realmente positivo.

Hay otro aspecto importante relacionado con la inteligencia emocional. Al reconocer nuestros sentimientos y saber manejarlos, podremos gestionar colapsos emocionales o situaciones que deriven a la ansiedad o el estrés, por ejemplo.

La inteligencia emocional es fundamental para poder desarrollarnos como individuos. Contar con capacidades entrenadas como la empatía nos ayudará a entendernos con el resto. Además, podremos ser útiles y hacer sentir bien a los demás sabiendo que tienen una persona en la que apoyarse. Gracias al desarrollo de la IE podremos llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos.