La esquizofrenia es una grave enfermedad mental que necesita ser detectada para poder aplicar un tratamiento efectivo. Esta afecta a determinadas funciones del cerebro, como son los pensamientos, las percepciones, las emociones y las conductas. Afortunadamente, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a este respecto. Veamos cómo.

¿En qué consiste la terapia cognitivo-conductual?

Mediante esta terapia, la persona puede entender cómo piensa sobre sí misma, acerca de otras personas y sobre el mundo. Además, puede comprender cómo sus acciones acaban afectando a sus propios pensamientos y emociones.

En la terapia se hace frente a problemas grandes separándolos en partes más pequeñas. Haciendo esto, podemos ver cómo estas partes se conectan entre ellas y cómo nos afectan. Cada una puede ser una situación o un hecho difícil y desencadenar sensaciones físicas, pensamientos, emociones y/o comportamientos. Estas consecuencias pueden interactuar entre sí y alterar nuestras respuestas a los problemas.

Dependiendo de la reacción que tengamos, la respuesta a la situación que se nos presente será positiva o negativa. Mediante la terapia se analizan las respuestas que damos (pensamientos, sensaciones, emociones y conductas) y el terapeuta nos ayuda a detectar si estas son realistas o si son perjudiciales. Tras ello, en varias sesiones aprendemos cómo modificar las que hayamos identificado como perjudiciales.

Síntomas de la esquizofrenia en la conducta

Los síntomas de esta enfermedad afectan a varias áreas del pensamiento y la conducta. En cuanto a los que afectan a la conducta, los más habituales que encontramos son:

– Dificultad a la hora de relacionarse con los demás: el afectado puede tener problemas para expresar sus sentimientos y pueden desaparecer sus demostraciones de afecto.

– Abandono del aseo personal.

– Aislamiento de los amigos y familiares.

– Conductas extravagantes o inadecuadas debidas a delirios o alucinaciones.

Cómo ayuda la terapia psicológica a los pacientes con esquizofrenia

En la terapia se tratan varios frentes que son de utilidad para los pacientes:

– Se entrenan habilidades sociales que puedan servirles, por ejemplo, para comenzar una conversación o expresar sus sentimientos y opiniones, entre otras.

– Se entrenan habilidades para afrontar síntomas psicóticos residuales. Esto se hace mediante tareas en el hogar, no en la sesión. Se evalúan las reacciones que tiene el paciente ante determinados síntomas y se mejoran si no son las apropiadas.

– Se tratan los delirios y las alucinaciones. Si bien no pueden evitarse, el terapeuta ayuda al paciente a identificar ambos sucesos, a relacionarlos con situaciones estresantes que hayan tenido lugar y a cuestionar sus propias creencias al respecto.

– La mejora de los síntomas propios de la enfermedad mejora otros síntomas añadidos, como son el aislamiento y las dificultades en las relaciones.

La esquizofrenia es una enfermedad grave y crónica, pero la calidad de vida del paciente puede mejorar mucho con tratamiento y terapia.