El aspecto físico puede afectar a cualquier persona en cualquier momento, pero si esto se convierte en una obsesión, quizás padezcamos dismorfobia. Se trata, nada más y nada menos, del rechazo desmedido a una parte de nuestro cuerpo. Veamos más en detalle qué es y por qué aparece.

Qué es la dismorfobia

Es un trastorno que responde a un problema de distorsión de la imagen corporal y cuyos síntomas están relacionados con una obsesión sobre una zona concreta del físico de una persona.

Quien lo padece siente una preocupación desmedida por un defecto físico que puede ser real o imaginario. Exista o no este defecto, la ansiedad será enorme y puede llegar a provocar aislamiento social u otros problemas emocionales de gran calado.

Resulta conveniente dejar claro que no se trata de un problema de autoimagen relacionado con la conducta alimentaria o la identidad sexual.

Causas del trastorno

Por lo general, este tipo de trastornos tienen su origen en la adolescencia y van disminuyendo con la edad, aunque podrían persistir en la edad adulta. Afectan por igual a hombres y a mujeres, pero suelen ser más habituales entre los jóvenes de clase alta con escasos o nulos defectos físicos que hacen de uno su centro magnificándolo.

Una baja autoestima, la tendencia a una personalidad ansiosa o ser víctima de algún tipo de acoso durante la infancia puede predisponernos a este tipo de problemática.

Cómo ayuda la psicología en la dismorfobia

A través del coaching o de los psicólogos estratégicos, es posible hallar soluciones que, a priori, nos resultan simples para abordar situaciones complejas. Nuestro objetivo es observar cómo evoluciona el problema y qué soluciones disfuncionales ha conseguido poner en práctica el paciente durante un tiempo.

A su vez, movilizaremos un conjunto de herramientas psicológicas para bloquear estas soluciones que se han intentado y que no solo no funcionan, sino que, además, empeoran la patología.

Si el paciente es un adolescente será necesario afrontar la situación en primera instancia mediante una terapia familiar. Gracias a ella, los padres se implicarán y sabrán cómo pueden ayudar. Es necesario orientar a los progenitores, sobre todo, al inicio para posteriormente intervenir sobre la persona con maniobras psicológicas que propicien el cambio en cuanto a la percepción distorsionada. De esta manera, los pacientes podrán recuperar una relación sana consigo mismos y construir una relación positiva con los demás.

Es necesario ayudar a las personas que manifiestan esta patología a acometer un reajuste de su propia imagen y a trabajar su autoestima. En ciertas ocasiones, la ansiedad por el estado físico es consecuencia de la nula o escasa valoración de otras áreas de su vida y su posterior magnificación.

En definitiva, la clave para tratar la dismorfobia reside en la aceptación de los defectos mediante una reorientación personal.