No resulta fácil imaginar cómo un trauma emocional puede aportarnos algo positivo. Muchos de nosotros tenemos que hacer frente a situaciones adversas a lo largo de la vida, y con ello logramos experimentar una verdadera transformación personal. Es lo que llamamos crecimiento postraumático. A continuación explicaremos en qué consiste la experiencia traumática desde la psicología positiva.

Qué es el crecimiento postraumático

Cuando nos toca vivir un trauma, podemos experimentar un cambio positivo como resultado del proceso de lucha. No nos referimos simplemente a la superación del suceso negativo sin desarrollar ninguna patología: este cambio implica una auténtica transformación a nivel personal, en la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos y al mundo.

Al enfrentarnos al dolor de una nueva realidad, ponemos en marcha un sistema de deconstrucción y reconstrucción de nuestras perspectivas personales. Y, a través de esta profunda transformación, podemos experimentar cambios más funcionales y positivos. Sin embargo, el proceso no está exento de emociones negativas y estrés. Esas sensaciones resultan de vital importancia para que el crecimiento positivo se complete.

Consecuencias en la vida de una persona

Después de vivir emociones profundamente negativas, podemos percibir cambios muy positivos en nuestra manera de ver el mundo.

La vida se revaloriza

La existencia toma un nuevo sentido, dando lugar a un cambio en nuestra escala de prioridades.

Crecimiento de nuestra fuerza personal

Como resultado del proceso traumático, la confianza en nosotros mismos se incrementa de manera notable. Por otra parte, estaremos más capacitados para afrontar una nueva adversidad tras ese crecimiento postraumático.

Descubrimos nuevas posibilidades

Cuando nos toca vivir una situación muy opresiva y estricta, pasamos por un proceso de gestión de las emociones negativas. Sin embargo, tras esta dolorosa etapa se nos abre un nuevo camino hacia nuevas y mejores vivencias que no queremos dejar pasar. Se trata de la oportunidad necesaria para reorientar nuestra vida desde el positivismo.

Relaciones sociales más cálidas

Las relaciones personales acaban por hacerse más íntimas tras enfrentar la adversidad. El sufrimiento vivido es un factor clave para desarrollar la compasión y empatía hacia los demás. Por ejemplo, esto sucede en el caso de muchas madres cuyos hijos están pasando por problemas médicos. Compartir dicha situación adversa puede derivar en que ambos se sientan más cercanos y unidos.

Desarrollo espiritual

El sentido espiritual y la moralidad se transforman. Terminamos por cambiar nuestra propia escala de valores y por desarrollar una visión de la vida más trascendental.

En definitiva, el crecimiento postraumático nos permite crecer desde la adversidad. Por desgracia, no podemos evitar el tener que vivir sucesos traumáticos. Sin embargo, está en nuestras manos el desarrollarnos a nivel personal y fortalecernos tras afrontarlos. De esta manera aumentarán nuestro optimismo y confianza.