Aceptar una situación que no nos gusta requiere de una gran dosis de inteligencia emocional. A veces, incluso cuando la persona tiene un compromiso con su crecimiento personal, puede aparecer el autoengaño. Surge para hacer frente a una situación complicada.

¿Qué es el autoengaño?

Engañarnos a nosotros mismos es una estrategia inconsciente. Muchas veces las utilizamos para enfrentarnos a aquellas situaciones que nos suponen un reto o que son realmente complicadas.

El autoengaño se puede considerar un arma de doble filo. En determinadas ocasiones nos puede suavizar el dolor, pero en otras, lo puede perpetuar. Escudarnos detrás de él no evitará el conflicto, sino que conseguirá justo lo contrario.

Cómo nos afecta

La disonancia cognitiva hace referencia a la capacidad innata del ser humano de mantener dos ideas contrarias y defenderlas al mismo tiempo. Parece complicado desde el punto de vista racional, pero a nivel inconsciente lo hacemos frecuentemente.

Engañarnos a nosotros mismos tiene consecuencias. ¿Cómo nos afecta autoengañarnos?

– No nos permite avanzar. Nos deja estancado en el mismo lugar.

– Mantenemos una situación que no deseamos por miedo a hacer frente a una situación dolorosa.

Controlar el autoengaño

Ver la realidad de forma objetiva puede resultar complicado. Toda la información y estímulos que percibimos del exterior, está condicionada por nuestros conocimientos y experiencias previas.

Para controlar el autoengaño, es esencial ser consciente de su existencia. Saber que tenemos un mecanismo en nuestro interior que puede distorsionar la realidad que vemos para evitarnos el sufrimiento.

¿Qué más podemos hacer para evitar el autoengaño?

– Reflexionar sobre nuestras acciones. Debemos poner todas las cartas sobre la mesa.

– Tenemos que escuchar todas las opiniones de las personas que nos rodean.

Aceptar el cambio. Cambiar es natural, el paso del tiempo y las experiencias nos hace ver la vida con otros ojos. No son ni mejor ni peor, tan solo diferentes.

– Hay que perder el miedo a lo nuevo. Salir de la tan conocida zona de confort nos ayudará a conocer otros paradigmas.

– Debemos ser autocríticos con nosotros mismos y aceptar las críticas constructivas de los demás. Las aportaciones del resto pueden ayudarnos a ver aquello ante lo que estamos cegados, porque no queremos o podemos verlo.

Por ejemplo, ante una relación, si nuestros amigos nos cuentan que la actitud de nuestra pareja no es la más deseada, no debemos estar a la defensiva con nuestros amigos. Lo ideal es tomarnos un tiempo y reflexionar sobre ello.

– Debemos ser responsables de nuestros actos.

– Aprender de nuestros errores.

Pedir perdón cuando nos hemos equivocado no nos hace más vulnerables, nos refuerza.

En definitiva, debemos conocer la existencia del autoengaño y cómo actuar para poder controlarlo. Pero también tenemos que saber que puede tratarse de un mecanismo de supervivencia, que en determinadas ocasiones nos ayuda a enfrentar la realidad.