Ponerse en el lugar del otro es, sin duda, un ejercicio de empatía que conviene realizar en determinadas situaciones. Pese a que ciertamente no siempre estamos dispuestos a entender los sentimientos o emociones de otras personas, esto nos ayuda a comprender la naturaleza de sus actos. De esta manera, seremos capaces de entender su posición o descubrir algo de nosotros mismos que desconocíamos.

¡Aprende a desarrollar esta habilidad!

 

Consejos básicos

Teniendo en cuenta las recomendaciones que te ofrecemos, aprenderás que ponerse en el lugar del otro tiene muchos beneficios. Y es que no solo te ayudará a consolidar tus relaciones personales, sino que además contribuirá a aumentar tu bagaje emocional.

  1. Practica la escucha activa. Para comenzar, resulta imprescindible desconectar de tus propios pensamientos para conectar con los de la otra persona. De esa manera, resulta vital concentrarse en lo que nos están contando liberándonos de cualquier juicio o expectativa.
  2. Recurre a la validación emocional. Este es uno de los recursos que pueden emplearse con efectividad para ponerse en el lugar del otro. Gracias a él, reconocemos los sentimientos ajenos como normales en un contexto específico, lo cual ayuda a la persona en cuestión a sentirse comprendida.
  3. Expresa tus ideas. Abrirte emocionalmente siempre motiva a la otra persona a hacer lo mismo. Transmite tu confianza y relaciona sus vivencias con experiencias similares propias que puedan ayudarle conectar contigo. Asimismo, tú adquirirás la capacidad de empatizar con su problema.
  4. Desarrolla la paciencia. Para ponerse en el lugar del otro, es conveniente aprender a utilizar esta habilidad social adecuadamente. En muchas ocasiones, carecemos de la indulgencia y la serenidad suficientes para ofrecer apoyo y comprensión. Por eso, es vital entender la enorme importancia de este punto.

    Recomendaciones adicionales

    Además de esos consejos fundamentales, deseamos brindarte una serie de pautas extra que te permitirán convertirte en una persona más comprensiva y tolerante.

    No ofrezcas ayuda no solicitada. El hecho de ponerse en el lugar del otro no implica resolver los conflictos de los demás para alimentar tu ego. De hecho, no deberías llevar a cabo esta acción ya que la otra persona no necesita soluciones sino ser escuchada.

    Realiza las preguntas adecuadas. Cuando interactúas con alguien que necesita de tu atención y afecto, has de tener especial tacto con los interrogantes que planteas. Es por eso necesario que aprendas a abordar ciertos temas con delicadeza y sin invadir la privacidad.

    Muéstrate afectivo. Durante esta clase de actos comunicativos, mantener una actitud relajada y cercana es uno de los pilares clave. Es imposible que alguien se sienta a gusto para compartir cómo se siente si el otro interlocutor se muestra frío y distante. La calidez en el trato permite desarmar barreras emocionales en el otro.

 

Como puedes ver, ponerse en el lugar del otro no es nada fácil teniendo en cuenta que cada persona es distinta y vive procesos emocionales diversos. Aun así, es posible hacerlo y obtener unas ventajas increíbles como resultado.

¿Te atreves a poner en práctica estas útiles herramientas? ¡El aprendizaje derivado será inmenso!