En psicología, el síndrome del nido vacío da nombre a un fenómeno provocado por la independencia de los hijos del hogar familiar. Dicho suceso crea en algunos progenitores, especialmente en la figura materna, sentimientos de tristeza y melancolía.

A partir de este momento deben asumir la pérdida de su identidad como padres, pues los hijos han crecido y se han convertido en personas autónomas.

¡Veamos todas las implicaciones!

 

¿A quiénes afecta principalmente esta condición?

El síndrome del nido vacío es una sensación de malestar y pérdida que solo algunos padres experimentan. Ciertamente, algunas personas son más susceptibles de sufrir este periodo de duelo debido a diferentes características:

  • Los padres excesivamente preocupados por el bienestar de sus hijos suelen tener dudas sobre si sus “pequeños” estarán preparados para enfrentarse a las exigencias del mundo adulto sin ayuda.
  • Aquellos progenitores cuya identidad se ha formado en base a esta función encuentran más dificultad para desligarse de sus responsabilidades paternas. En efecto, esta etapa se hace especialmente difícil para quienes no cuentan con una profesión remunerada.
  • La emancipación de los hijos podría convertirse en un factor estresante para aquellos que no están enfocados en su autorrealización individual por medio de diferentes intereses o aficiones.
  • El síndrome del nido vacío podría cobrar mayor fuerza cuando el matrimonio tiene problemas conyugales y ha de volver a reencontrarse sin intermediarios. Igualmente, los progenitores que crían solos a sus hijos pueden manifestar sentimientos de soledad más intensos.

 

Impacto del nido vacío

El síndrome del nido vacío tiene fuertes implicaciones en la vida de algunas personas. Por ejemplo, puede desencadenar episodios de ansiedad e incluso depresión en casos más severos.

Y es que esta grave pérdida suele generar sensación de inutilidad y por ello una crisis de identidad. De ese modo, quienes son incapaces de gestionar estas emociones desagradables podrían sufrir conflictos conyugales, una ausencia de habilidades para reconducir su rumbo e incluso las nefastas consecuencias del alcoholismo.

No obstante, los efectos del síndrome del nido vacío se superan normalmente en un período máximo de seis meses. Se trata de un proceso parecido al duelo que culmina con la aceptación del hecho y con el desarrollo de una nueva identidad basada en el desarrollo personal.

 

Un nuevo comienzo

El síndrome del nido vacío se manifiesta ante la finalización de una etapa importante en la vida de cualquier individuo, la paternidad/ maternidad. No obstante, este es un momento clave que ofrece una oportunidad para emprender proyectos o explorar distintas posibilidades.

Focalizarse en la consecución de nuevas metas, volver a conectar con la pareja y dedicar más tiempo a uno mismo son algunos de los beneficios derivados. Así, puede entenderse como un tiempo perfecto para reevaluar las propias rutinas y construir una manera renovada de estar en el mundo estableciendo otros roles.

 

La aceptación: el punto fundamental

El factor más relevante a tener en cuenta es aprender a soltar y dejar marchar a los hijos para que estos puedan iniciar su camino. La relación paterno-filial continuará y, en algunos casos, mejorará notablemente.