Saber manejar el miedo es fundamental en todas las áreas de nuestra vida. Lo primero es conocer que el miedo no es algo negativo, sino una emoción completamente natural y hasta cierto punto incluso positiva.

El problema viene cuando el miedo es quien domina nuestras decisiones y nos impide dar pasos que queremos o necesitamos dar en nuestras vidas. La buena noticia es que podemos aprender cómo manejar el miedo para que no se convierta en una atadura.

¿Qué es el miedo?

Absolutamente todos tenemos miedo. Seres humanos y también animales. Negar el miedo es absurdo y en nada nos ayuda. Muy al contrario, es importante reconocer que sentimos miedo como primer paso para buscar el origen de ese temor. Muchas veces su origen se encuentra bastante más escondido de lo que nosotros creemos y tenemos que descubrirlo para manejar ese miedo.

Una pequeña dosis de miedo permite que seamos lo suficientemente prudentes como para sobrevivir y no estar continuamente exponiéndonos a situaciones que pondrían en riesgo nuestra vida. Ahora bien, el miedo se convierte en un problema cuando aparece con demasiada frecuencia o en situaciones que no entrañan un riesgo real y nos paraliza.

Sentir miedo solo indica que una situación que hemos vivido, tal vez en un pasado bastante lejano (o no), nos ha marcado excesivamente en el plano emocional y psicológico, generando en nosotros una emoción descompensada.

El miedo nos hace poner en marcha nuestros mecanismos de defensa, incluso antes de que se produzca un peligro inminente. Lo hace porque nuestra mente revive una situación pasada que interpretó como peligrosa.

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Consejos para manejar el miedo

El miedo surge de una interpretación errónea y adelantándose a un riesgo que no existe, pero eso no quiere decir que debamos ignorarlo. Esto solo empeoraría las cosas, porque nuestra mente es tan poderosa que no podremos engañarla diciéndole que no tiene miedo, sino que debe manejar el miedo.

Al contrario, es bueno aceptar y manejar ese miedo y estando presente este, analizar la situación para comprobar, por nosotros mismos, que el peligro es ficticio.

El segundo paso, será no dejarse llevar por el miedo y atrevernos a dar ese paso adelante. La primera vez lo pasaremos mal, y la segunda, y tal vez la tercera, hasta que la mente comprueba que, en verdad, no hay razón para sentir miedo. El peligro que creemos ver, no es verdadero. De esta forma, el miedo se irá.

Un profesional de la psicología puede enseñarnos a manejar el miedo, ayudarnos a descubrir por qué nació y por qué se ha empeñado en seguir ahí. Es necesario indagar en el miedo para comprenderlo y para transformarlo en un valor que nos aporta conocimiento. Y no permitir que se transforme en una jaula que nos impide vivir en libertad.