La omisión es un concepto que en general se refiere al acto de abstenerse o dejar de hacer algo. Es común escuchar esta palabra relacionada con multitud de aspectos diferentes de la vida, desde legales a religiosos. Por ejemplo: delito de omisión del deber de socorro, pecado de omisión, entrenamiento de omisión, e incluso figuras de omisión (dentro del campo de la retórica). No obstante, y a pesar de tratarse de un problema clínico frecuente, no estamos tan acostumbrados a escuchar la construcción trastorno de omisión.

En las siguientes líneas, trataremos de desgranar este concepto.

¿Qué es el trastorno de omisión?

Este trastorno, también conocido como síndrome de Neglect,síndrome neurológico de la desatención, heminegligecia o hemiomisión, entre algunos otros nombres más, consiste en la incapacidad de percibir la realidad al completo como consecuencia de una lesión neurológica.

En esencia hablamos de un desorden de atención, ya que el sujeto goza de una visión normal, pero se muestra incapaz de tomar en consideración determinadas regiones de aquello que se encuentra en su alcance visual. Concretamente, el lado izquierdo de su percepción queda omitido. Esto es así porque la omisión solo se observa en lesiones que se producen en el hemisferio cerebral derecho.

Síntomas del trastorno y papel del cerebro

Estrictamente hablando, este trastorno implica una aniquilación existencial de la parte izquierda del universo (el cerebro no la percibe), aunque su sintomatología depende de variables tales como la edad del paciente o el grado de extensión de la lesión. En cualquier caso, podemos hacer una distinción entre tres heminegligencias, cada cual con sus propios síntomas característicos:

– Sensorial: el paciente tiene dificultades para reaccionar o responder ante estímulos presentes en el lado izquierdo.

– Motora: retraso en el inicio de los movimientos, o incluso ausencia de ellos.

– Representacional: incapacidad de recordar las cosas que acontecen en el lado afectado. Por ejemplo, si el paciente dibuja un reloj, tan solo pintará las horas que están en el lado derecho.

Otro síntoma característico es que dicho defecto persiste aun cuando el sujeto recree situaciones o acontecimientos con los ojos cerrados.

Cómo tratar el trastorno de omisión

Este síndrome es abordado por diferentes disciplinas y tratamientos (Tratamiento de Lawson, Rosseti, Shiraisi, Kerkhoff…). En cualquier caso, las mejorías dependen en gran medida de la gravedad de los síntomas y la profundidad de la lesión.

Entre las maneras más destacadas de abordar este trastorno encontramos los tratamientos de recompensa, estimulando la mejora mediante algún tipo de premio.

La terapia ocupacional, muy recurrida para la rehabilitación de personas que han padecido accidentes cardiovasculares, también ha resultado eficaz en algunos casos. Con ella recurrimos a técnicas de reeducación motora para que el paciente vuelva a aprender formas de realizar las actividades cotidianas.

Aunque el trastorno de omisión puede causarnos muchos problemas con el entorno, por fortuna existen muchas fórmulas para atajarlo.