El abuso sexual infantil tiene innumerables consecuencias, no solo en la víctima, sino en todo su entorno. Quien abusa, aprovecha la vulnerabilidad de los más pequeños y comete actos sexuales forzados sobre un niño o niña. Uno de cada cinco menores es obligado a mantener una relación sexual con un adulto que abusa de su poder. Esta cifra es alarmante, más aún porque se trata de una cuestión difícil de detectar y posiblemente el número sea aún mayor.

¿Cómo identificar el abuso sexual infantil?

En estos casos, resulta complicado que la víctima hable del problema y pida ayuda. Por eso, debemos prestar atención a las señales de alarma. Hay muchas que pueden indicarnos una situación de riesgo de un menor. Así pues, tenemos que aprender a detectarlas.

De ese modo podríamos impedir que se fuerce al niño a un acto sexual. Además, también evitaríamos los subsiguientes daños psicológicos que esto conlleva. Dependiendo de la edad del pequeño, debemos estar atentos a determinadas conductas.

· De 0 a 5 años: Es conveniente que analicemos cualquier comportamiento anómalo. Si observamos algo extraño, debemos ponerlo en conocimiento de un profesional, para que lo valore. Por ejemplo, si un niño habla a menudo sobre actos sexuales o los imita, deberíamos indagar. Averigüemos si eso está provocado por alguna experiencia sexual traumática.

· De 6 a 8 años: En este tramo de edad debemos controlar los juegos sexuales explícitos, sobre todo cuando uno o varios niños obligan a otros a participar. Además, vigilaremos los comportamientos sexuales de los niños en público. También debemos poner especial atención si se introducen dedos u objetos en el ano o vagina.

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· De 9 a 12 años: Para este grupo de menores, según edad, las conductas inapropiadas coinciden con las del grupo anterior. A ellas se suma otra señal de alarma: la masturbación en exceso, de forma asidua y compulsiva.

¿Cómo superarlo?

Aunque se trata de una vivencia traumática, superar un abuso o violación infantil es posible. Una vez detectadas las señales, resulta esencial apartar al menor de la «zona de peligro». Después podemos seguir una serie de pasos básicos que le ayudarán a seguir adelante.

· Le haremos sentirse a salvo.

· Demostraremos de manera activa y explícita que creemos en él y no le culpabilizamos.

· Reforzaremos su autoestima, elogiando su valentía al contarlo.

· También es conveniente que verbalice sus emociones y sentimientos. Lo ideal es que los racionalice, los exteriorice y los procese a su ritmo.

· Puede ser muy positivo tratar el tema como un cuento, en el cual el menor es un héroe.

El abuso sexual infantil es una cuestión a la que hemos de prestar especial atención como adultos. Además, es crucial recurrir a la ayuda de profesionales de la gestión de las emociones.