Existen comportamientos o fijaciones del ser humano que nos despiertan interés o curiosidad. Y uno de esos casos es el del fetichismo, que puede ser de muy diversos tipos. Veámoslo.

Qué es el fetichismo

En su significado más amplio, lo entendemos como una devoción o admiración por determinados objetos materiales. Sin embargo existen fetichismos de toda índole, desde por partes del cuerpo concretas hasta por actos o incluso situaciones ambientales como las tormentas.

Inicialmente, este concepto proviene del portugués feitiço, que significa «hechizo»: un comportamiento que atribuía poderes mágicos a ciertos objetos. Más adelante, fue Sigmund Freud el que le dio la acepción de parafilia (comportamientos sexuales relacionados con situaciones, objetos, individuos o actividades atípicos).

El fetiche por los pies

Existen autores que evitan utilizar el término «fetichismo» para referirse a las parafilias sexuales. Algunos prefieren llamarlo parcialismo. Otros, en concreto para el caso de los pies, lo denominan podofilia. Todo es, en realidad, lo mismo.

El parcialismo por los pies consiste en la obtención de excitación y placer sexual solamente en relación con dicha parte del cuerpo; al parecer se trata de uno de los fetiches más frecuentes en los hombres. En el caso de las mujeres parece ser menos común, pero lo cierto es que apenas se ha estudiado dicho comportamiento sexual, por lo que no podemos hacer afirmaciones al respecto.

¿Fuente de placer o trastorno a tratar?

No es raro encontrarnos con esta duda, tal vez porque nos suceda a nosotros o porque le ocurra a una pareja o conocido. Aunque podría resultar difícil establecer la línea entre un fetiche fuente de placer y un trastorno obsesivo, hay unas pautas que nos pueden ayudar a diferenciarlo. La ayuda de un psicólogo, si creemos que podría tratarse de algo problemático para nuestra vida diaria, puede ser muy útil, como veremos a continuación.

Hemos de partir de que, en general, se trata de una parafilia y no de un trastorno; no es algo preocupante y que requiera tratamiento, salvo excepciones. Hablaríamos de un trastorno parafílico si este implica malestar significativo clínicamente hablando, debido al comportamiento de la propia persona. Si sus impulsos fueran muy intensos y sus fantasías incontrolables, o si pudiera provocar deterioro funcional. Se ha de tener en cuenta, además, que este malestar o deterioro haya tenido lugar durante seis meses o más.

En caso de que un profesional detecte que se trata de un trastorno parafílico en lugar de una parafilia inocua, el tratamiento suele consistir en psicoterapia, en medicación o en una combinación de ambas.

En definitiva, el fetichismo por los pies no es algo de lo que debamos preocuparnos, salvo que se presenten síntomas que repercutan en nuestra calidad de vida. La ayuda de un profesional es inestimable en caso de que la aparente parafilia resulte ser un trastorno.