Durante nuestro desarrollo vital nos encontramos con infinidad de personas. Con algunas de ellas creamos relaciones importantes. Otras pasarán por nuestra vida de manera fugaz y tendremos un difuso recuerdo de ellas. Y de otras ni siquiera nos acordaremos con el discurrir de los años. Mediante estos encuentros iremos estableciendo los llamados círculos de confianza.

¿Qué son?

A través de estos círculos representamos de manera gráfica las relaciones que creamos. Las personas que vamos conociendo a lo largo de nuestra vida se incorporan a una serie de círculos concéntricos. Estos se distinguen por el grado de confianza, atención e intimidad que mantenemos con las personas dentro de cada uno de ellos.

Pero, ¿cómo funcionan estos círculos? En un punto central se sitúa nuestro «yo». A partir de ese lugar vamos creando distintos espacios, concéntricos, y en cada uno de ellos incluimos a nuestros conocidos.

– En el círculo de intimidad ubicamos a las personas de nuestro entorno con las que tenemos una relación más íntima. Se trata de aquellos en los que tenemos confianza ciega. Padres, hijos, hermanos, pareja… A los que acudimos ante un gran problema.

– En el círculo de confianza media encontramos a las personas con las que tenemos una relación estrecha, pero nunca íntima. Les podemos pedir favores, nos divertimos con ellas y tratamos de temas delicados que nos preocupan. Hablamos de los amigos y familiares.

– El círculo de poca confianza lo forman personas con las que nos relacionamos de manera habitual. Sin embargo, nunca les confiamos nuestros secretos ni les pedimos favores. Aquí se ubican los compañeros de trabajo y familiares lejanos.

– El círculo de muy poca confianza está formado por conocidos. Vecinos que saludamos al salir, la dependienta del mercado, etcétera.

– Por último, en el círculo de desconfianza encontramos a los otros. Se trata de esas personas con las que nos hemos cruzado alguna vez, pero que nos generan recelo y desconfianza.

Beneficios de los círculos de confianza

Añadir a nuestro círculo personas en las que confiar es muy beneficioso para nuestra salud mental y física. Con las nuevas incorporaciones a los círculos de confianza acabamos por derribar un muro psicológico y acortamos distancias. Confiar en gente cercana supone una fuente de seguridad.

Debemos ser conscientes, claro está, de que permitir que personas no fiables formen parte del círculo íntimo nos hará vulnerables. Pero en cualquier caso, no se trata de desconfiar de cualquier persona que se cruce en nuestro camino: debemos ser capaces de elegir a las personas con las que queremos compartir el placer de vivir.

En suma, se trata de elegir a la gente que saca nuestro lado más positivo y ubicarla en nuestro espacio personal de confianza. Así nos convertiremos en personas capaces de aportar luz a su entorno más cercano.